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miércoles, 13 de marzo de 2013

La enseñanza explícita del manejo de las emociones puede potenciar el desarrollo socio-emocional de niños preescolares

En 2007 Celene E. Domitrovich, Rebecca C. Cortes y Mark T. Greenberg publicaron un artículo sobre los efectos de un programa curricular que se enfocó principalmente en el mejoramiento del desarrollo de la competencia social y emocional en niños preescolares. Veamos en qué consistió su estudio.

Introducción
Los problemas de comportamiento, especialmente comportamiento disruptivo, que comienzan en los primeros años de la infancia pueden ser estables a lo largo de toda la niñez y la adolescencia (Campbell, 1995; Kingston & Prior, 1995; Moffitt, Caspi, Silva, & Stanton, 1996). Por eso, con el fin de prevenir problemas de salud mental en la infancia temprana, las intervenciones necesitan enfocarse no sólo en la reducción del comportamiento agresivo, disruptivo o aislado de los niños, sino también en la construcción de la competencia socio-emocional (Masten & Coatsworth, 1998; Rutter, 1987).

"PATHS" (Promoting Alternative Thinking Strategies -promoción de estrategias de pensamiento alternativo-; Kusché & Greenberg, 1994; la sigla literalmente traduce "vías" o "caminos") es un currículo que complementa otros currículos universales socio-emocionales al incluir la instrucción en múltiples habilidades, en una secuencia apropiada al desarrollo. El punto central de este currículo es su componente emocional, el cual enfatiza el conocimiento sobre las emociones propias, así como las de otros. Su énfasis es menos en la tradicional modificación de comportamiento y más en el apoyo de la propia habilidad de los niños para auto-regularse.

El currículo PATHS para preescolar es un amplio currículo que intenta prevenir o reducir los problemas emocionales y de comportamiento en niños pequeños y promover la competencia socio-emocional de los niños. Está basado en el modelo ABCD (Affective-Behavioral-Cognitive-Dynamic; Afectivo, Comportamental, Cognitivo, Dinámico) del desarrollo (Greenberg & Kusché, 1993; Greenberg, Kusché, & Speltz, 1991), el cual pone el énfasis primario en la integración del desarrollo del afecto, el comportamiento y el entendimiento cognitivo, ya que dichos componentes se relacionan con la competencia social y emocional.

Objetivo
Con este estudio, Domitrovich et al. se propusieron evaluar la eficacia de la versión preescolar del currículo PATHS a través de un ensayo clínico aleatorizado.

Método
En este estudio participaron 10 salones de clase de intervención y 10 de control. La muestra total incluyó 246 niños (126 niñas). El número de estudiantes en cada clase fue entre 7 y 16 y la edad promedio fue de 51,40 meses. Se realizaron dos mediciones: una al principio (tiempo 1; pre-test) y otra al final del año escolar (tiempo 2; post-test).

El currículo PATHS que se usó en este estudio incluyó 30 lecciones, una por semana. El currículo fue dividido en unidades temáticas que incluían lecciones sobre cumplidos, emociones básicas y complejas, estrategias de auto-control y resolución de problemas. 

Según los autores, los objetivos primarios del currículo PATHS fueron (1) desarrollar en el niño la conciencia y comunicación de sus propias emociones y las de otros; (2) enseñar el auto-control de la activación y el comportamiento; (3) promover un auto-concepto positivo y unas relaciones positivas con los pares; (4) desarrollar las habilidades de resolución de problemas de los niños a través de potenciar la integración de su auto-control, el reconocimiento del afecto y las habilidades de comunicación; y (5) crear una atmósfera de clase positiva que soportara el aprendizaje socio-emocional.

Además de las lecciones, las profesoras generalizaban los conceptos del currículo a través de actividades detalladas de extensión (p. ej., juegos de grupo, proyectos de arte, libros) que fueron integradas en los programas de preescolar típicos existentes (lengua, música, arte, etc.). El currículo fue diseñado para ayudar a las profesoras a crear un ambiente que promoviera en los niños el aprendizaje de habilidades socio-emocionales.

Para medir el efecto de los currículos (el otro currículo fue el ofrecido regularmente en los programas de preescolar), se evaluó (directamente en los niños) el conocimiento emocional, las habilidades de toma de perspectiva afectiva, el control inhibitorio, la atención y la resolución de problemas. A las profesoras y a los padres, además, se les suministraron cuestionarios para medir habilidades sociales y posibles problemas de comportamiento en los niños y una escala de competencia social y habilidades emocionales de los niños (sólo para padres). La habilidad verbal fue controlada.

Resultados
Según los autores, los niños que recibieron el currículo de PATHS tuvieron un vocabulario receptivo emocional mayor en el post-test en comparación con los niños control y también identificaron mejor las emociones. Por otro lado, no hubo diferencias significativas entre los niños de intervención y los niños control en medidas de control inhibitorio, atención o resolución de problemas.

Las profesores de las clases de PATHS indicaron, al post-test, que sus estudiantes eran significativamente más cooperativos, más emocionalmente conscientes y con mayores habilidades emocionales, en comparación a lo que reportaron las profesoras en las clases control. No hubo diferencias en los reportes de ambos currículos sobre comportamiento externalizante, aunque sí sobre comportamiento internalizante (favoreciendo a PATHS). Las profesoras de los niños expuestos a PATHS tendieron a describirlos menos como "aislados" o "sin amigos", al final del año escolar, en comparación con las profesoras control.

De manera similar, los padres de los niños en intervención los describieron como -significativamente- más social y emocionalmente competentes, que lo que lo hicieron los papás de los niños en las clases control. Sin embargo, no hubo diferencias significativas en las calificaciones de los padres de ambos programas sobre comportamiento internalizante o externalizante.

Discusión
Los resultados de este ensayo clínico aleatorizado del programa de preescolar PATHS sugiere que las profesoras (del programa Head Start o "comienzo 'exitoso'" en EEUU) pueden efectivamente utilizar un currículo universal socio-emocional y mejorar el conocimiento emocional, la auto-regulación, el nivel de interacción social y las habilidades sociales de los niños en menos de un año (de preescolar). Tanto profesoras como padres reportaron mejoría en la competencia socio-emocional de los niños después de la participación en PATHS, controlando por género y habilidad verbal y en comparación con niños control.

Según los autores, una de las fortalezas de este estudio fue que el impacto de la intervención fue evaluado a través de múltiples fuentes (padres, maestras y niños).

Además de encontrar efectos de intervención significativos en los indicadores de competencia social en los niños, padres y maestras describieron a los niños de PATHS como mejor ajustados en comparación con los niños en la condición control: tanto padres como maestras describieron a los niños de intervención  como con niveles más altos de interacción social, regulación emocional y habilidades sociales con los pares al final del año del programa. Además, estos niños también fueron descritos como menos aislados en comparación con controles.

Referencia:
Domitrovich, C. E., Cortes, R. C., and Greenberg, M.T. (2007). Improving Young Children's Social and Emotional Competence: A Randomized Trial of the Preschool "PATHS" Curriculum. The Journal of Primary Prevention, 28 (2). pp. 67-91.

Comentario
Bien, este fue el artículo de hoy. Los resultados son algo similares a los de "Herramientas de la mente" (¿qué es eso?). La diferencia aquí, específicamente, es que este programa se basa más en la creación de estrategias de regulación emocional como fundamento para el desarrollo de la competencia socio-emocional de los niños preescolares. Como mostró el estudio de Domitrovich et al., un currículo que permite el entrenamiento explícito y constante de las habilidades emocionales de los niños, definitivamente mejora su competencia social, mucho más que si se dejan "que maduren" naturalmente.

Otro mensaje importante adicional, un poco aparte del tema principal, es que los programas educativos que claman ciertas bondades también pueden ser probados con la metodología de "ensayos clínicos", en la cual se prueba la eficacia de "tratamientos", aunque éstos sean de promoción y prevención.

En conclusión, el desarrollo socio-emocional del niño puede potenciarse de manera explícita en los salones de clase de preescolar. Estrategias hay muchas, y van desde el reconocimiento de las emociones propias hasta las habilidades de comunicación. La creatividad de la profesora y el conocimiento de lo que es apropiado al desarrollo, ¡añaden muchísimo al proceso!


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